Nathalie Gantiva

pagePágina anteriorPágina siguienteArchivo

CELINE.

Parte 1.

Aún continúan las cosas de Blair en el sótano, la radio se encuentra encendida, la señal no es muy buena, pero en realidad no sé dónde estoy; lo que solía ser el estudio en la planta secundaria de la casa, ahora está junto a la cochera. Me alarma un dolor  grotesco que ataca mi cabeza, pero no únicamente me afecta eso, mi brazo no se encuentra en el mejor estado de todos y para concluir no hay signo de vida alrededor de mí.

En el suelo, hallo una nota con poco texto y tinta de un bolígrafo de mala calidad.

-          Estaré con Donatella, Xo  -Blair.

Es vieja, su papel esta descolorido, recuerdo que esto quizá ya lo había leído antes; de repente la emisora de la radio cambia, locuta un señor maduro expresando un comunicado de evacuación total de Cèline.

Camino en dirección de la Quinta avenida y solo encuentro carteles que mencionaban un éxodo oportuno, de seguro deben ser la Midtown Street, Vanderbilt y la avenida Waldorf reunidas; de esa manera me encuentro perdida; un ruido agudo impacta detrás de mí, una especie de carro tanque se ubica al respaldo con un logo de Clifford Browder; allí noto que estoy en el condado vecino al instituto de arte dramático Sloanne,  donde hace unos meses tomaba lesiones de ballet.

 Quienes conducían el vehículo iban enmascarados y con el megáfono que portaban me decían “Busca ayuda”, no entendía nada de lo que sucedía, solo quería encontrar a Blair o en su defecto a Donatella, era  la persona con quien se hallaba la última vez que supe algo de ella.

 De un momento a otro siento que me falta aire, en mi pantorrilla me molesta una especie de filtro con clave de seguridad, debo descubrir su contraseña, allí se ubican unos pequeños recipientes que contienen oxigeno artificial, pero ahora mi objetivo es llegar al centro médico más cercano, antes de que mi cuerpo deje de oxigenar.

Cada segundo se convierte en horas, me estoy desesperando, necesito auxilio; la ciudad es diferente; no hay vehículos, solamente están los carro tanques que despejan la nieve de las avenidas; me pregunto porque lo harán, si la ciudad esta solitaria, el único corazón que late es el de Mollie Sandford, según mi conocimiento.

Recordé que junto al instituto pocas semanas atrás habían hecho apertura del Centro cancerológico de Celine, después de dotarme de una complacida ración de oxígeno,  me dirijo a la estación de radio de donde transmitían aquel mensaje de advertencia que escuche al despertar.

No comprendo cual es la razón para que la emisora de radio sea la única construcción que esté intacta y sin ningún tipo de lesión, voy en camino a la sala transmisora, pero no me topo con vida humana y dentro de la propiedad se continúa emitiendo la programación del día.

Allí encuentro que todo está sistematizado, parece un nuevo mundo para mí, ¿Dónde están las personas?, todo está dirigido por maquinas, computadores y equipos tecnológicos que jamás había visto; cae una lagrima tras de otra, el tanque de oxígeno auxiliar que llevo conmigo ha colmado con gran parte de mis fuerzas, sin embargo, mientras no descubra la contraseña de los filtros deberé cargarlo hasta comunicarme con un ser vivo.

Intento chequear el contenido de unos dispositivos que se asocian en particular con los teléfonos móviles, en ellos también hay aplicaciones y millones de programas que apoyan a desarrollar cualquier tipo de actividad humana, lo curioso es que en su bandeja de entrada se encuentran alrededor de siete mensajes que informan: Comunícate al  6-66. Concluyo que corresponde al departamento policial de Celine, así que tomo la decisión de notificarme con cualquiera que reciba mi llamada.

Celine, Parte 2.

Parte 2.

Después de cuatro horas de espera, en el exterior de la emisora se estaciona un vehículo carro tanque, por sus parlantes incorporados anuncian que evacue el edificio y me dirija a él. Luego de atravesar la ciudad me transportan a un campamento de protección para la raza humana; “Kepner Association” así era denominado, allí me facilitaron un pasta medica que calmo mi ansias de comer y controló la ansiedad abrupta que regía en mi interior.

Revise el listado de sobrevivientes en el computador que se ubicaba en la estación de enfermería, pero no se situaban los nombres de Donatella Wilson y Blair Sandford, accidentalmente ingrese en un archivo que contenía las lista de “próximos por llegar”,  allí el segundo del documento  era Dominique Hunt, quien había sido la última pareja sentimental de Blair. Hallé un código que especificaba la ubicación del sujeto, decidí aprenderlo e ir en búsqueda de él.

Aproximadamente eran  las 20:00 horas y aún no localizaba a Dominique, no tenía noción del tiempo, de hecho no encontraba un cubículo abierto, en el cual pudiera observar el estado de un humano, cada pequeña habitación contaba con un sistema informático especial para nunca abrirse. Tal era mi preocupación que no razonaba por qué todavía  no era una más de aquellos individuos mortales que residían en esas cabinas.

Una alarma de esas de ejército me despertó asustada, en la noche no había logrado conciliar totalmente el sueño, y nuevamente como un singular mortal estaba hambrienta.

 

 

El edificio era bastante amplio, absolutamente todo era tecnológico, agradecía a una fe de la cual no estaba segura si seguía existiendo que aún me mantuviera  viva, pero me urgía encontrar signo de vida, de hecho mientras me alimentaba pensé en acabar con lo más preciado que nos ha brindado esa  fe que alguna vez nombré.

Una de mis neuronas se activó y pensé en investigar  en que lista estaría mi nombre, efectivamente la encontré en el archivo de “Refugiados vivos”, me asombre al ver que en el documento solo estaban digitados las identidades  de  Blair, Dominique & Donatella, junto con el mío, que contenía una cifra que acertaba con la clave de los filtros. Por un instante pensé que ya estaba cerca de ellos.

Entendía que donde habitaba ya no era el mismo planeta Tierra, era un mundo paralelo del cual yo había residió mis últimos 21 años de existencia. Al cabo de unos días desperté  de nuevo,  a mi costado izquierdo descubrí a una dama con rasgos similares a los de B, la señorita manipulaba unos dispositivos especiales que me transportaban oxígeno a mi organismo.

Trate de hablarle, pero ella me extendió un teléfono móvil para que digitara lo que deseaba comunicarle, evidentemente era Blair, la expresión de su cara era frívola, y no me reconocía, era una completa extraña para ella, además su conciencia parecía que no estaba inmersa en un mundo real, en cambio a ello su gestualizacion  era como si sus pensamientos se encontraran virtualizados o por lo menos no en el mismo ambiente en el que mi cerebro se asentaba.

Le pregunte que día era, ella respondió no existe eso de la fecha, bienvenida a la era de la evolución, en seguida se abrió la puerta automáticamente y  atreves de ella, aparecieron Donatella & Dominique, sus acciones eran exactas a las de B, no hablaban, solo digitaban para comunicarse. Pensé que los abrían abducido o algo por el estilo, ¿Qué era eso de la era de la evolución?, por mi mente cruzaban una lluvia de preguntas que aún no resolvían mis cuestiones subjetivas.

Lo único que habían respondido era que  Mollie Sandford era la única especie humana que después de 1025 años de avance tecnológico, no logro evolucionar y era momento de desconectar su mente y cuerpo y dejar de ser un vegetal en el nuevo mundo que ahora invadida el planeta.

-          Todo debe cambiar, Xo – Blair Sandford.

By: Nathalie Gantiva.